Fondo Marino

 

 

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Fondo Marino

Los océanos son profundos, muy profundos; pero mucho más abajo todavía de las zonas en que penetran los últimos reflejos del sol, la vida continúa sobre el fondo marino. En ciertos casos, los habitantes de las tinieblas son luminiscentes, y se iluminan a sí mismos con su propio “fuego”. Tal ocurre, por ejemplo, con el pez linterna. En el fondo marino sin luz y donde reinan unas temperaturas perpetuamente bajas, es comprensible que se necesite toda una serie de adaptaciones particulares para que el milagro de la vida prosiga. El mar profundo -el conjunto de la zona batial y de la zona abisal- constituye la más dilatada región de todas las de nuestro planeta líquido, al cubrir cerca del 85 por 100 de lo que se llaman cuencas oceánicas. Los abismos son, en general, inmensas cuencas de fondo marino llano, tapizadas de espesos sedimentos.

 
 
 
 
Fondo Marino
 
 
 

Estos se han precipitado hasta allí desde la plataforma continental debido a las turbias corrientes que descienden vertiginosas a lo largo de las gargantas conocidas como “cañones submarinos”. Los sedimentos depositados en los cañones son removidos por las corrientes y resbalan, aumentando su velocidad a medida que su masa se incrementa al recoger otros depósitos a lo largo de su camino hacia la gran llanura abisal. Allí, la corriente de turbidez se frena y se desliza como un río terrestre, excavando el lecho en los sedimentos de la llanura del fondo marino. Cuando la velocidad del río disminuye, empiezan por depositarse las partículas más pesadas. De este modo, a medida que nos alejamos de los continentes hacia las grandes profundidades, los depósitos están compuestos de detritos cada vez más ligeros, produciéndose una especie de “gránulo-clasificación” horizontal de los sedimentos del fondo marino: es lo que se llama “estratificación gradual”, del inglés graded-bedding. Es exactamente el mismo fenómeno que se observa en los conos de deyección de los torrentes de montaña.

 
 
 

En ocasiones, un pico volcánico da lugar a una isla y rompe la monotonía de las llanuras abisales. En la mayoría de los casos, estos picos están totalmente sumergidos, y constituyen entonces montañas submarinas. La cima de algunas es plana, truncada tal vez por efecto de las olas cuando estaban emergiendo. Reciben entonces el nombre de guyot.

La vida en la región abisal cuenta con formas pelágicas: calamares gigantes (Architeuthis), Chiasmodon niger, bacalaos de los mares profundos, rayas, anguilas, etc. Pero sobre todo se caracteriza por sus formas bentónicas: animales sésiles o perforadores, organismos reptadores o especies nadadoras de pequeña envergadura, que vagan buscando la materia orgánica viva o muerta caída en el fondo marino desde lo alto o arrastrada por las corrientes.

La vida en los abismos contribuye a la fijación y a la transformación de los depósitos del fondo marino , bien se trate de los cienos a base de globigerinas (de color blanco-amarillento o marrón), de cienos de diatomeas (de color paja o crema) o de cienos de radiolarios (de reflejos amarillo-verdosos).

 
 
 
 

Pero los abismos son escenario también de otro fenómeno: el de la constitución, por aglomeración de átomos (posiblemente en torno de una impureza) de nódulos polimetálicos. Estos guijarros, grandes como una patata, compuestos esencialmente de manganeso (pero en los que se encuentra también hierro, níquel, sodio, etc.), se acumulan en extensos campos del fondo marino, entre 2.500 y 3.000 metros de profundidad, en ciertas cuencas del Pacífico y del Atlántico. Su dragado con fines industriales es inminente y está ya a la orden del día; con lo que empiezan a plantear un temible problema de derecho internacional: ¿pertenecen a quien llegue primero (es decir, al más poderoso) o deben ser equitativamente compartidos por todos los países?

Las profundidades del fondo marino

Más allá de los límites del talud continental, se extienden las llanuras abisales, dilatado sistema de cuencas reunidas por “escalones” formando parte del fondo marino. Su superficie es igual al doble de la de todas las tierras emergidas. En la mayoría de los casos, no están sometidas a las fuerzas apremiantes que transforman la topografía de los continentes. Esta es una de las razones que explican su magnitud y su monotonía. Pero hay otra más: la sedimentación. Originalmente, su superficie debía ser bastante irregular y atormentada. Pero tales accidentes del relieve fueron nivelados, rellenados por las corrientes de turbiedad que vierten día tras día su carga de sedimentos continentales. Huecos y prominencias desaparecieron, como los de un paisaje rocoso sobre el que hubiera caído una nieve ligera a merced del viento caprichoso.

El ambiente abisal es muy diferente del de las regiones litorales o el de las capas superficiales del océano. Por debajo de los 600 metros , en las tinieblas más absolutas del fondo marino, ha desaparecido ya todo rastro de vida vegetal. La salinidad del agua es prácticamente constante (35 por 1.000) y la temperatura oscila por lo general en torno a los 2 °C. En cuanto a la temperatura del fondo mismo, es variable, oscilando entre los 13 °C en los lugares más calientes del suelo del Mediterráneo y 1 °C en las regiones polares. Se produce así un intercambio constante de calor entre las aguas profundas y la base que las sustenta.

Desde el punto de vista de la topografía, el medio abisal no es completamente uniforme. Además de algunos picos montañosos, existen colinas abisales, más características tal vez del Pacífico que del Atlántico. Esta diferencia se explica, por lo menos en parte, porque la mayoría de los grandes ríos del globo vierten en el segundo, y no en el primero, sus aguas cargadas de sedimentos, contribuyendo así a uniformar las llanuras batipelágicas del fondo marino. Las colinas abisales del Pacífico se extienden a menudo a lo largo de muchos kilómetros, y se yerguen un poco por doquier sobre el fondo de este océano, alcanzando alturas comprendidas entre 30 y 900 metros.

Su origen sigue siendo misterioso. Algunos geólogos piensan que su formación es una consecuencia de la actividad de los volcanes submarinos. Pero esta teoría no es compartida unánimemente. Otros estiman que son de origen sedimentario. Las perforaciones profundas y la exploración submarina por medio de sumergibles nos permitirán, sin duda, en un próximo futuro, esclarecer este punto (al igual que otros que aún ignoramos sobre el fondo marino).

 

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