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Mamiferos MarinosTiburones La mayoría de los peces del mundo tienen esqueletos óseos. Los tiburones son una raza aparte en el mundo de los peces además de que son mamiferos marinos. Su esqueleto es de cartílago o ternilla, no de hueso. No tienen escamas. En lugar de ellas, su piel exterior está cubierta de dentículos o pequeños dientes que poseen amplias bases y puntas agudas y que se completan, como los demás dientes, con una cavidad pulpar interna rodeada de dentina, todo lo cual está cubierto con esmalte. Los tiburones son primitivos. Han permanecido en los mares desde hace mucho tiempo: 250 millones de años. El mayor tiburón que vive en la actualidad es el inofensivo tiburón-ballena, que tiene 17 metros de longitud o más. Los tiburones alfombra o jaspeados del Pacífico occidental y de Australia, no se adaptan a la idea popular que se tiene de los tiburones. Son aplanados de arriba hacia abajo y están adornados con colgajos de piel, listo, unido a su color, significa que cuando estos mamiferos marinos permanecen inmóviles en el lecho del mar, lo que hacen habitualmente, parecen rocas cubiertas con plantas marinas corlas. Así, en lugar de perseguir a sus presas, permanecen en espera de los peces, cangrejos y langostas hasta que éstos se acercan lo bastante como para ser atrapados. |
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El tiburón de mancha blanca del Océano Indico y del Pacífico central es, en agudo contraste, un animal elegante, con figura de torpedo y construido para alcanzar velocidad. Cualquier tiburón, incluso uno pequeño, tratará de morder a una persona cuando está siendo manejado, pero los considerados como peligrosos son aquellos de los que se sabe que han atacado a los seres humanos en el agua. El tiburón de arena común , llamado a veces tiburón tigre, vive en el Mediterráneo, el Atlántico y los mares de África del Sur, No es grande, pues no alcanza más de cuatro metros de longitud, pero ha sido considerado como el lobo de los mares, no sólo por su voracidad, sino sobre todo por sus expediciones de caza en manadas. En cierta ocasión se avistó a cien o más de estos mamiferos marinos frente a las costas de Nueva Jersey, Estados Unidos, arrinconando a un banco de peces azules, ellos mismos muy feroces, en una zona de aguas poco profundas, pasando después al ataque. Los tiburones llevan a menudo una rémora, un pez conocido como ventosa del tiburón, que se monta sobre la parte superior de su cabeza, obteniendo así transporte libre.
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Como actuan estos mamiferos marinosLos tiburones resultan imprevisibles: éste es su menor defecto. Pueden estar nadando alrededor de un buceador durante horas sin prestarle el más mínimo interés, y, sin previo aviso, pasar al ataque... en algunos casos, la atmósfera se electriza en cuanto el hombre penetra en el agua. Un día, estos tiburones evitarán a toda prisa al nadador indefenso; al día siguiente, estos mamiferos marinos se precipitarán rabiosamente contra las sólidas barras de hierro de una jaula antitiburón. Los tiburones azules son por lo general cazadores solitarios. Surcan los océanos, matarifes silenciosos, vivas imágenes del destino para docenas de criaturas apacibles... Pero basta con que el olor de la sangre se difunda por el mar para que surjan por doquier de las sombras, como súbitos fantasmas llamados a la vida... Entonces describen alrededor de su presa círculos cada vez más cerrados. Pasados unos minutos, a veces horas, uno de ellos se destaca del grupo y se abalanza sobre la presa, a la que apenas roza ligeramente, o choca con ella como un latigazo. Una vez hecha esta prueba, que indica que la presa es al mismo tiempo comestible e inofensiva, el más audaz de estos mamiferos marinos la banda comienza el asalto. Y es entonces cuando da principio la frenética orgía. |
Comportamientos aberrantes Misteriosamente, en ciertos casos, aunque haya rastros de sangre en el agua o se debata un pez, herido, o incluso cuando un tiburón está encarnizándose con su presa, no pasa nada, y todos estos alicientes parecen impotentes para desencadenar la orgía. Sabemos muy poco sobre las leyes por las que se rige el escualo. Es probable que se combinen diferentes factores para poner en marcha el proceso de la excitación colectiva de estos mamiferos marinos, y que cada estímulo en sí sea insuficiente para determinarla. De lo que no cabe duda, por el contrario, es que, una vez que el “efecto de grupo” se ha materializado, la excitación de los primeros individuos se contagia a todos los tiburones que se encuentran en las inmediaciones, y que todos ellos acusan una agresividad varias veces superior a la normal. La mandíbula protráctil del tiburón Los tiburones, con la bocaza abierta, pueden morder objetos muy grandes, el flanco de una ballena agonizante, por ejemplo. Para poder hacerlo, estos mamiferos marinos abaten al máximo su mandíbula inferior y retraen su mandíbula superior de manera grotesca. Esta, al subir, determina la abertura de la boca en casi ciento ochenta grados. El juego de sus mandíbulas, en posición casi vertical, descubre una inmensa cavidad bucal guarnecida de varias hileras de dientes, cortantes como cuchillas de afeitar. Poderosos músculos controlan, además, el movimiento de la mandíbula superior, que se proyecta hacia adelante para atenazar la carne, y luego bascula hacia abajo para cortarla. Gracias a esta eficaz técnica, estos mamiferos marinos tienen acceso a una gama de alimentos sumamente variados. Se han pescado ciertos especimenes cuyo estómago contenía no sólo restos de peces y moluscos, sino también plumas de aves marinas, trozos de madera y latas de conserva. Su propia trampa Completamente abierta, la bocaza del tiburón recuerda una amplia trampa dispuesta para ser utilizada. Estos mamiferos marinos, cuando atacan a una gran presa, una ballena o un delfín, la sujeta con sus grandes mandíbulas y hunde en ella sus tres hileras de afilados dientes. A continuación, y como presa de frenesí, se contorsiona violentamente, mientras que sus cortantes dientes barrenan, seccionan y desmenuzan las carnes prisioneras. En la mayoría de los peces, la boca ocupa exactamente la extremidad anterior del cuerpo, pero en el tiburón está situada bajo la cabeza, en posición vertical. Durante mucho tiempo se pensó que el tiburón no podía tragar presas cuyo tamaño excediera del de la abertura de su boca. Y Aristóteles creía, equivocadamente, que el tiburón tenía que volverse de espaldas cuando atacaba un “gran bocado”. Hoy sabemos que estos mamiferos marinos, gracias a sus mandíbulas protráctiles, puede arrancar trozos del cuerpo de animales mucho mayores que él. Focas Excepto por el hecho de que han adoptado una forma de vida acuática, las focas y sus parientes, los leones marinos y las morsas todos estos mamiferos marinos, son muy similares a los perros. Sin embargo, a los machos se les llama toros y a las hembras vacas, aunque los descendientes son conocidos como cachorros cuando son pequeños. Sus antepasados en tierra tuvieron que haber estado muy estrechamente relacionados con los perros ancestrales. Hay verdaderas focas y focas de pelaje, los leones marinos de California que son agrupados con éstos últimos al ser clasificados porque al igual que las focas de pelaje pueden volver hacia adelante sus aletas traseras cuando avanzan en tierra. Las aletas posteriores de las verdaderas focas están permanentemente dirigidas hacia atrás. Se trata de remos muy electivos para estos mamiferos marinos cuando la foca está nadando, pero cuando están en tierra, las verdaderas focas tienen que encorvarse para avanzar como caterpillars. Tanto la foca común como la foca gris son verdaderas focas, llamadas también focas sin orejas, mientras que las focas de pelaje y los leones marinos tienen orejas exteriores, aunque son muy pequeñas. Las morsas pertenecen a una familia separada. Allí donde viven las morsas, el fondo del mar está compuesto principalmente por grava. Los colmillos de estos mamiferos marinos son utilizados para removería y los labios y barbas son empleados para seleccionar la comida y llevársela a la boca. |
Delfines Desde la década de 1940, cuando se construyó en Florida el primer delfinario, millones de personas se han familiarizado con estos mamíferos marinos. En la actualidad existen bastantes delfinarios repartidos por el mundo a los que acuden los visitantes. Además, los delfines son vistos a menudo en la televisión. La impresión más vivida que queda a la gente es que los delfines son juguetones. Esto es cierto no sólo para los que se encuentran en cautividad, sino también para los que viven libremente. En este periodo de juego se puede contemplar algo muy similar a nuestros propios juegos organizados. Incluso cuando viajan por propósitos cotidianos, los delfines saltarán repentinamente del agua, como el delfín listado del Pacífico y el delfín mular o tursión . Esto puede recordarle a uno un niño que, cuando camina por una calle, pega de pronto un brinco o un salto. El delfín oscuro ha dado un salto mucho mejor, surgiendo repentina y claramente de la superficie y volviendo a caer en el agua con un fuerte chapoteo, un pasatiempo de estos mamiferos marinos conocido como "abrir brecha". El sonar de los delfines
Se descubrió posteriormente que los delfines están dotados de una excepcional capacidad para producir y recibir sonidos cuyas frecuencias varían desde algunas decenas a más de cien mil ciclos por segundo. La existencia de un sistema de ecolocalización en estos mamiferos marinos como el delfín se estableció definitivamente hacia finales de los años cincuenta. Los delfines, en efecto, se muestran capaces de evitar obstáculos, de descubrir objetos de poco tamaño, de distinguirse entre sí, de abrirse camino a través de mil trampas en aguas muy turbias, incluso en noche cerrada. Delfines con los ojos tapados en depósitos donde se habían tendido numerosos hilos no chocaban contra ellos. Silbidos y chasquidos Los delfines producen dos tipos principales de sonidos: por una parte, silbidos modulados, que constituyen posiblemente un medio de comunicación entre los individuos; por otra, un chasquido, o una serie de chasquidos. Además, son capaces de emitir gruñidos, pero nadie sabe para qué. Se piensa que los chasquidos son elemento determinante del “sonar”. Pueden ser emitidos con una cadencia de 500 por segundo, como lo muestran los datos que se han podido obtener sobre estos mamiferos marinos. Una vez que estos sonidos rebotan sobre un objeto, vuelven al delfín en forma de eco. La diferencia de intensidad o incluso de frecuencia entre el sonido reflejado y el sonido emitido, y el tiempo que dura el eco para volver, ofrece al animal una “visión” exacta y detallada de su entorno. El delfín no oye posiblemente cada chasquido por separado, sino una serie de chasquidos que constituyen una especie de acorde. No hay, evidentemente, medio alguno de saber lo que oye un delfín, pero puede que basten variaciones ínfimas del sonido reflejado para informarle sobre los obstáculos que se alzan ante él. El sistema “sonar” del animal tiene en todo caso una sorprendente precisión, y le proporciona un número de informaciones muy superior al que el hombre obtiene de los sonares construidos por él. Dolly, por ejemplo, un delfín hembra entrenado por la Marina americana, es capaz de encontrar tres monedas lanzadas al mismo tiempo en tres direcciones diferentes. El oído que ve Para observar a estos mamiferos marinos: los delfines en su medio natural, el equipo de conocidos con los cuales hemos aprendido y mucho sobre estos mamiferos marinos , capturó una hembra que cabalgaba la ola de roda del barco. Más que apartarla de su medio natural, tendieron en torno de ella una gran red triangular formando una especie de piscina en mar abierto. Para poder comprobar la agudeza de su “sonar” le enseñaron a llevar anteojeras. Privada momentáneamente de su sentido visual, no tenía dificultad alguna en orientarse en el cercado. Luego sustitulleron la red por estacas metálicas, formando una especie de jaula abierta. Valiéndose de su “sonar”, el delfín advirtió el cambio, pero no podía ver su nuevo corral. Daba la impresión de buscar una salida y, aunque podría haberse deslizado entre dos estacas, no intentó huir. Emitía frecuentes chasquidos, mientras daba guiñadas con la cabeza. Diversos estudios han demostrado que estos mamiferos marinos examinan el cebo al dirigir sobre él un estrecho “haz” de sonidos, un poco como hacemos nosotros para buscar un objeto en la oscuridad con una linterna. Otra experiencia interesante demuestra la gran fiabilidad del “sonar” del delfín. Con los ojos vendados, estos mamiferos marinos logran distinguir entre una esfera con un diámetro de siete centímetros y una esfera de 6,25 centímetros de diámetro. El coeficiente de respuestas exactas disminuye a medida que decrece la diferencia de diámetro de las esferas. En el 70 por 100 de los casos, el cetáceo sabe distinguir todavía entre una esfera de 5,05 centímetros y otra de 6,25 centímetros de diámetro. Pero, a partir de cierto punto, el delfín rehúsa someterse por más tiempo a este ejercicio. No quiere mantener la apuesta, porque conoce con toda precisión los límites de su sistema. Cómo funciona el sonar del delfín Para explorar su entorno, el delfín emite un chasquido o una serie de chasquidos cuya frecuencia varía desde menos de 2.000 ciclos a más de 100.000 ciclos por segundo. Estos mamiferos marinos, con otros representantes del suborden de los cetáceos con dientes, u odontocetos, es capaz también de orientarse, de calcular las distancias, el tamaño, la forma, la estructura y la densidad de los objetos. Al variar la intensidad de cada chasquido de una serie (cada uno le devuelve entonces un chasquido distinto, y por lo tanto un mensaje diferente), obtiene informaciones más numerosas y elaboradas que las que nos proporcionan nuestros ojos. Una sola sucesión de ecos da lugar a la formación de una imagen mental compleja. Las características de estos chasquidos, transformados en eco por el objeto, dan a conocer a estos mamiferos marinos la naturaleza del mismo. Las informaciones proporcionadas por un eco son por lo menos de cuatro órdenes: sobre la dirección, las variaciones de la frecuencia, la amplitud del sonido y el tiempo que transcurre entre el momento de la emisión del chasquido y el retorno del eco. Cuando un delfín mueve la cabeza, que juega el papel de transductor, explora el espacio y localiza el origen del eco y, por lo mismo, la situación del objeto sometido a su investigación. Las variaciones de frecuencia le informan sobre el tamaño, la forma e incluso la naturaleza del objeto; en cuanto a la amplitud del sonido y el tiempo transcurrido, le permiten calcular las distancias. Si el delfín forma parte de una manada cuyos miembros practican simultáneamente la ecolocalización, el ruido puede ser extraordinariamente intenso. Una maravilla de precisión Apenas estamos empezando a entrever la forma en que estos mamiferos marinos: el delfín produce y emite sus chasquidos y percibe el eco. Los chasquidos se originan en el interior de la cabeza y se emiten sin pérdida alguna de aire, incluso cuando el animal está bajo el agua; el aire es “reciclado” en el interior mismo de las vías respiratorias. Ballenas
Cuando las ballenas salen a la superficie Cuando suben a la superficie, estos mamiferos marinos obedecen, al menos, a dos motivaciones. Como mamíferos que son, tienen una respiración aérea, e ir a oxigenarse a la atmósfera es para ellas, pues, una necesidad. Pero también se encuentra allí el atractivo de la ola espumosa, del cielo azul y del sol que brilla... Cuando se desplazan al desgaire cerca de la superficie, se yerguen a veces verticalmente y emergen en parte, permaneciendo “de pie” sobre su aleta caudal. Espiran el aire que han retenido largo tiempo, inspiran profundamente, cierran sus orificios nasales y se sumergen de nuevo. Cuando nadan a velocidad sostenida, hienden la superficie en ángulo de unos treinta grados, espiran, inspiran, obturan sus orificios nasales, y se hunden con presteza, todo ello en el espacio de pocos segundos. Cuando no tienen prisa y están de buen humor estos mamiferos marinos, llegan a saltar para caer en el mar con un fragor estruendoso. Yubartas, cachalotes y ballenas grises Las ballenas yubartas baten rítmicamente las aguas con su aleta caudal, y parecen experimentar un vivo placer al practicar este de porte. Los cachalotes, como sus parientes dentados los delfines, se elevan en los aires y se dejan caer sobre la espalda, levantando gigantescas columnas de agua. Estas acrobacias espectaculares son en realidad consecuencia de una inmersión muy profunda a novecientos o mil metros: estos mamiferos marinos, a punto de ahogarse, se ve constreñido a precipitarse hacia la superficie a una velocidad superior a los diez nudos para salir a respirar. Y entonces corta el “techo del océano” como un cohete... Las ballenas grises, que en el cruzo de su migración anual desfilan a lo largo de las costas californianas, se entregan a veces a un ejercicio acrobático que se podría calificar de “salto” o “vuelo de reconocimiento”. Dotadas de una excelente visión aérea estos mamiferos marinos, saltan para tomar puntos de referencia, practicando así una especie de navegación a la vista, o sea, de cabotaje. Ampliar Información: |
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