Peces Tropicales

 

 

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Peces Tropicales

Cuanto más cálido es el mar tanto mayores son las perspectivas de encontrar peces de vivos colores. Sin embargo esto sólo se aplica a las aguas poco profundas, en las que todos los animales que viven en su fondo, como las anémonas de mar y las esponjas, suelen tener brillantes colores. El pez murciélago es llamado así porque las aletas recuerdan las alas de un murciélago. Típicos peces tropicales de aguas cercanas a la orilla son el pez ángel azul y el pez mariposa amarillo. Al margen de que los peces que viven cerca de la costa o en aguas poco profundas obtengan un camuflaje de sus vivos colores, esto se combina en el caso de los peces que viven mar adentro con el color del mar y del cielo, como hace la barracuda o picuda, el pez que sigue al tiburón en cuanto a reputación y ferocidad para con los humanos. Típicos de los mares tropicales son los peces tropicales voladores, como las juriolas del Mar Rojo.

 
 
 
 
Peces Tropicales
 
 
 

Peces de arrecife

A los arrecifes coralíferos se les llama a menudo jardines marinos debido a su gran cantidad de color y belleza. Aunque la belleza del coral es estática, la escena aparece animada por las muchas variedades de pequeños peces tropicales que instalan su hogar en él. Los caballitos de ma r no son estrictamente peces de arrecife, pero a menudo se les puede ver con las colas enrolladas alrededor de algas o abanicos de mar asociados a arrecifes. Los cardenales son verdaderos peces tropicales de arrecife, y suelen ser vistos en pequeños grupos que nadan lentamente alrededor del arrecife, ocultándose entre los recovecos de los corales cuando son molestados. El pez cardenal macho fecunda a la hembra internamente, lo que es poco usual entre los peces, y cuando la hembra desova el macho se mete los huevos a la boca y los mantiene allí hasta que incuban. Los peces mariposa y los peces ángel son pequeños y de vivos colores y se encuentran principalmente en los arrecifes coralíferos. Son de cuerpo amplio y muy ágiles y parecen aletear alrededor del coral, escondiéndose en las grietas a la menor señal de peligro.

 
 
 

La ciudad de corales y de peces tropicales

Con frecuencia se ha comparado a los arrecifes de coral con amplias “ciudades naturales”. Y en verdad que su semejanza con nuestras grandes ciudades no deja de ser sorprendente. En la siguiente parte del sitio veremos cómo se organiza la división del trabajo de la “ciudad” madrepórica -una megalópolis, magnífico ejemplo de armonía-, culminación en equilibrio ecológico (clímax) de millones de años de lucha, de fracasos y de éxitos individuales o colectivos... La productividad (es decir, la masa viviente, la biomasa creada) de los arrecifes es muy elevada: rivaliza con la de las explotaciones agrícolas humanas mejor dotadas. Esto constituye un hecho muy significativo, teniendo en cuenta el rendimiento relativamente escaso de los océanos en conjunto. Las aguas de alta mar, desde la superficie a los 1.200 metros de profundidad aproximadamente, nutren a la inmensa masa de los vegetales oceánicos y de los peces tropicales consumidores primarios y secundarios. Pero es caldo de cultivo complejo es, en definitiva, muy poco denso, muy poco espeso. Aparte algunas pocas aglomeraciones (mar de los Sargalos, etc.), el océano se muestra casi prácticamente vacío a los ojos del buceador.

 
 
 
 

Peces TropicalesEl fondo del mar, sin embargo, no está totalmente desierto; aunque cuenta con una gran mayoría de zonas pobres y austeras. Con sus fantásticas ciudades-junglas, los arrecifes coralinos constituyen a este respecto una notable excepción. Durante kilómetros y kilómetros (varios centenares a veces), las decenas de miles de especies, pertenecientes a millones de familias, coexisten, a un tiempo, en relaciones de equilibrio y de competencia exacerbada. Todos los ecosistemas pueden ser representados como pirámides regulares, cuya base estaría formada por los vegetales, y el vértice por los carnívoros más evolucionados (devorado-res de carnívoros). Cuando la base es estrecha, el sistema resulta frágil, y la extinción de algunas especies puede bastar para provocar el derrumbamiento de todo el andamiaje. Esta es la amenaza que pesa sobre las aguas polares, las cuales albergan un contingente muy limitado de especies, aunque, por lo demás, muy bien representadas y superprolíficas.

En el caso de las ciudades coralinas que aquí nos interesa, la base de la pirámide es sorprendentemente extensa, mucho más que la de las más densas selvas terrestres. Si el hombre consintiera en no entrometerse, este tipo de edificio biológico sería el más rico, el más variado de nuestro planeta y, sin duda también (en la hipótesis de cataclismos localizados), el más resistente. Para esquematizar la actividad del arrecife, podemos acudir a las nociones de producción, de consumo y de recuperación de los residuos. Los productores primarios son las plantas clorofílicas, obligadas a vivir donde hay luz. Son ellas las que, al transformar la energía solar en energía química (azúcares), edifican las moléculas mismas de la vida, esto es, los aminoácidos (“ladrillos” de las proteínas) y los nucleótidos (“ladrillos” de los ácidos nucleicos ADN y ARN). Los peces tropicales, vegetarianos, liberan compuestos orgánicos del carbono, del nitrógeno y del fósforo, así como otros diferentes elementos (azufre, hierro, etc.). Son comidos por los carnívoros de primer orden, los cuales son a su vez devorados por carnívoros de segundo orden, y así sucesivamente. Los cadáveres de los últimos carnívoros vuelven al estado de compuestos simples después de haber experimentado la acción de los agentes de la descomposición (animales necrófagos y bacterias saprofitas). Podríamos resumir la cadena alimenticia típica del arrecife de la siguiente forma: diatomeas - protozoos y microzooplancton - corales - peces loro - tiburones tigre - bacterias que descomponen - diatónicas (energía solar), etc.

 
 
 

Los habitantes de una ciudad superpoblada

Con sus rascacielos, su centro de negocios, sus zonas residenciales, sus suburbios y barrios periféricos, el arrecife madrepórico es una auténtica aglomeración urbana superpoblada. Constituye una estructura en la que decadencia y renovación se compensan, para crear un equilibrio continuamente precario, pero notablemente estable a largo plazo, modificado tan sólo por los cambios lentos del nivel del mar, los cambios bruscos del clima... y las destrucciones o contaminaciones de origen humano. Todos sus habitantes se adaptan entre sí, y la prodigiosa red de interacciones que de ello resulta beneficia a todos.

El ecosistema cuenta con sus productores, sus consumidores y sus recuperadores de desechos; cada uno, incluso la humilde bacteria que trata los sedimentos orgánicos, cumple una función necesaria. Algunos peces tropicales excavan respiraderos que aseguran la ventilación del arrecife. Los depredadores concurren al mantenimiento de un equilibrio saludable entre las diferentes especies. Los organismos filtrantes purifican las aguas; por eso favorecen la penetración de la luz y estimulan la fotosíntesis. La comunidad produce su propio nitrógeno, y recicla el carbono y el fósforo. Agujeros, minúsculos alvéolos, rendijas y pasadizos que penetran hasta el corazón mismo del arrecife, ofrecen a los ciudadanos refugios seguros contra los depredadores, y mullidos escondrijos, propicios para la reproducción. Pequeños peces tropicales, como los góbidos y los blénidos (como, por ejemplo, torillos y babosas), viven en medio de los mismos pólipos. Unos no abandonan nunca su morada; otros deben batirse para defender su guarida; mientras que más de uno, finalmente, conoce las reglas de la hospitalidad y acoge a los intrusos.

 

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