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Reproduccion de PecesPara existir, los animales deben equiparse conforme a las exigencias de la lucha diaria por la vida. Pero con esto no basta; es preciso también que se sientan suficientemente atraídos por el sexo opuesto para que se produzca la reproduccion de peces. Esta atracción, de orden exclusivamente químico en las especies primitivas, es fuente de placer en los animales más complejos, y en todo caso en los mamíferos y en el hombre, para los cuales constituye con mucha frecuencia la recompensa suprema, el coronamiento de toda una existencia. La atracción de los sexos, preludio indispensable para la reproduccion de peces y de todos los animales, reviste infinita variedad de formas: desde la dan/a espectacular y los golpes de pico defensivos del albatros, a la fecundación dejada totalmente al azar de los huevos del mejillón azul, pasando por multitud de variantes. La migración, el largo viaje hacia zonas propicias para la vida de los jóvenes, marca a veces el comienzo prodigioso del encadenamiento de actos que terminará en la fecundación del óvulo. Para alcanzar este paraíso, ciertas especies recorren millares de kilómetros para la reproduccion de peces. La “memoria genética” de la especie es la que dicta al animal, al mismo tiempo, la hora de la partida y la ruta a seguir. Para los migradores, el hacer la corte no es sino la segunda etapa hacia el acoplamiento. Para los demás, es el primer paso. La parada nupcial (con frecuencia una simple invitación o rápida demanda de aquiescencia) termina en el mismo “acto de la vida”. |
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Para atraer al compañero, los animales recurren a un sistema de señal visual, auditivo, olfativo, gustativo, táctil... que, en todo caso, se dirige a los sentidos. La fragata macho proclama su deseo hinchando monstruosamente la roja piel, brillante y desnuda, que tiene bajo la garganta. Los crustáceos segregan feromonas, cuyo olor específico se propaga a grandes distancias, y que reconocen los demás miembros de la especie. El rito sexual propiamente dicho permite a la futura pareja vencer la agresividad territorial de cada uno de los componentes. El acoplamiento acaba con frecuencia en pelea, en el curso de la cual el que ostenta los derechos del territorio da caza a su compañero o compañera para la reproduccion de peces. Una vez satisfecho el deseo, la agresividad territorial se convierte de nuevo en dominante del comportamiento. En los peces, la parada nupcial se limita a menudo a la emisión de sustancias químicas o a modificaciones del color o del brillo de la piel. El dragoncillo macho ejecuta además una danza ritual para seducir a la elegida. Con las aletas erguidas, da vueltas en torno a ella vanas veces, resplandeciente de colores y de luz, hasta que, por fin, la hembra deja que se le acerque. Pliega entonces su aleta pelviana bajo la de su compañera, como para sostenerla, y ambos, uno junto a otra, nadan al mismo tiempo hacia la superficie. Mientras van subiendo, modifican su posición para que sus aletas anales puedan unirse formando un canalillo en el cual se vierten los óvulos y el esperma mezclados. Los huevos fecundados flotan en la superficie a merced de las olas, e inician así una deriva caprichosa que los conducirá a buen término... o los precipitará en las fauces abiertas de un depredador. Las especies presentes hoy en nuestro planeta para la reproduccion de peces han vencido los obstáculos que se oponían a su perpetuación. Pero no es imposible que, en generaciones futuras, esta función capital se vea comprometida por el deterioro de su hábitat -la contaminación radiactiva y química, entre otros-. Se sabe ya que, en muchas aves, la hiperconcentración de DDT en el ambiente ha provocado un reblandecimiento de la cáscara del huevo y, en consecuencia, el aborto de los embriones.
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Una azarosa reproduccion de pecesEn la mayoría para la reproduccion de peces, la fecundación es externa, o sea, tiene lugar fuera del cuerpo de la hembra. Esta deposita sus huevos en un nido o los abandona al capricho de las corrientes oceánicas. Para que estos huevos sean fecundados, resulta indispensable que el macho vierta su esperma sobre ellos en el momento oportuno. Un cierto número de especies de la familia de los lábridos efectúan la freza de esta manera tan poco segura tras haberse reunido en bancos durante algunas horas en los parajes de sus arrecifes originarios. Periódicamente, de cinco a quince machos y hembras se destacan del conjunto de sus congéneres, se unen estrechamente unos a otros y nadan al unísono hacia la superficie. Cuando se encuentran alrededor de 1,80 metros por encima del grueso del pelotón, liberan en las aguas esperma y óvulos, dejando al azar la tarea de unirlos y fecundarlos... La fusión de los óvulos y los espermatozoides debe producirse en décimas de segundo, por no decir en el mismo instante, porque cualquier corriente es susceptible de dispersar las células sexuales y hacer imposible la fecundación y por consiguiente la reproduccion de peces. |
Los grandes conjuntos reproductores están compuestos sobre todo por especies que siembran al desgaire unos huevos cuyas oportunidades de ser fecundados son ínfimas, y enorme el riesgo de sucumbir a la depredación. Pero estas especies, cuya descendencia parece más comprometida que la de los animales que velan por su prole, son también extraordinariamente pródigas en células sexuales. Compensan así, por el número, la falta de solicitud paterna, si bien las oportunidades acaban siendo iguales por ambos lados. Esta es una ley general que no se aplica solamente para la reproduccion de peces. Los hálanos y las ostras, por ejemplo, derivan a merced de las olas en el curso de su estado larvario, antes de establecerse en vastas colonias. Los mejillones azules viven en bancos de varios millares de individuos en las aguas costeras poco profundas de América y Europa. En la época de la freza, las hembras expulsan sus óvulos en las aguas, señal química que desencadena en los machos la emisión del esperma, que va a fecundar los óvulos planctónicos a la deriva. Efectuar la freza en grupo y producir cantidades astronómicas de huevos son aquí modalidades puramente instintivas del comportamiento, que garantizan la fecundación y, por ello mismo, la perpetuación de la especie. Reproduccion de las focas
En una ocasión, los zoólogos descubrieron sobre los hielos los despojos de dos focas, pese a que no había tenido lugar ninguna muerte en el curso de los dos años precedentes. Un año más tarde, fueron cinco las focas encontradas muertas, luego quince y catorce en el curso de los dos años siguientes. Los muertos, adultos de edad aproximada a los diez años, estaban recubiertos de una capa de grasa lo suficientemente espesa como para descartar la hipótesis de la muerte como consecuencia de un ayuno prolongado. Además, ningún animal estaba gravemente herido. El hecho de que los despojos fueran descubiertos entre el mes de octubre y el de diciembre parecía sugerir cierta relación entre las muertes y la época de celo, período en que tienen lugar los combates por motivos sexuales al igual que en la reproduccion de peces; combates en los que los individuos se disputan el derecho a dominar un territorio. Se imponía una conclusión. Los combates intraespecíficos provocan una disminución de los efectivos cuando el número de individuos resulta excesivo en el territorio de la reproduccion. Y cesan de matar cuando el espacio vital vuelve a ser suficiente. Este ajuste demográfico, funesto a nivel individual, es beneficioso para la especie. Reproduccion de los elefantes marinos Antes de que el hombre interfiriera en los procesos naturales, alternando indiscriminadamente matanzas y protecciones mal planteadas, los elefantes marinos de la variedad boreal no constituían sino colonias relativamente reducidas, diseminadas a lo largo de las costas y en algunas islas oceánicas. No era, por ello, menos rigurosa la cohesión de los harenes, institución social por excelencia, unida a la reproducción. Los encarnizados combates que enfrentaban a los elefantes marinos machos adultos garantizaban el vigor de la especie al igual que en ciertas reproduccion de peces. Los machos vencedores eran los únicos que podían disfrutar el placer y el privilegio de unirse con las hembras (que arribaban a las playas cuatro o seis semanas después que los representantes del sexo fuerte) y, por tanto, perpetuar su patrimonio genético más ventajoso. Pero el hombre ha exterminado a los elefantes marinos que se encontraban antaño en las playas de numerosos países, y ha relegado a los supervivientes a algunas islas en las que imperan la superpoblación y la promiscuidad. Los procesos normales de acoplamiento y el instinto maternal no han resistido a esta superpoblación que, en ciertos casos, como ya hemos dicho en El acto de la vida, ha dado origen a perversiones sexuales típicas. |
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