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Ropa la barrera del miedo

Si tienes temor a enfrentar una situación difícil, a manejar un automóvil o a salir por la noche. Aunque todos tenemos miedo a diferentes cosas, aprender a enfrentarlos es muy importante, en este sitio web puede aprenderá a hacerlo y tener una buena salud integral.

 

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Una sensación que nos paraliza, que nos impide pensar con lógica, que anula nuestros sentidos. Tener miedo es normal, pero permitir que nuestra mente quede a merced de él, ya es otra cosa. ¿Es posible aprender a controlarlo? De eso trata este portal. El miedo es una emoción natural y básica en todos los seres vivos, sin embargo muchas veces deja de serlo para transformarse en una angustia paralizante que no nos deja enfrentar las situaciones difíciles de la vida perjudicando nuestra salud integral. Nos sentimos atrapados sin saber qué hacer, temiendo actuar, y cuando el destino nos es adverso, frente a la pregunta inevitable de ¿que he hecho yo para merecer esto? no sabemos bien qué responder: si todo o nada. Como veremos ninguna de estas respuestas puede ayudarnos a superar la angustia que nos genera el miedo. Los especialistas aconsejan enfrentarlo, ya que la mayoría de las veces sólo se trata sólo de un fantasma que se desvanece ni bien tomamos riendas en el asunto.

El miedo a enfrentar la vida

Estar distendido, espontáneo, feliz, sintiéndose bien en la propia piel: estos son los objetivos que persigue cualquiera que goce de una buena salud integral y no esté afectado bajo ninguna de las formas del masoquismo. Y todavía, a pesar del auge creciente de las recetas del tipo "Bienestar: instrucciones para su uso", la gran mayoría de las personas se pasa la vida en el intento interminable de descubrir sus auténticos deseos, su Yo verdadero. No son pocos aquellos que transitan una existencia siempre al margen de la vida, siempre esperando un fatídico día X en que podrían encontrar finalmente completa satisfacción.

 

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Pasivas y esperanzadas, estas personas son en realidad prisioneras de sus propias ilusiones, de sus propios fantasmas y de grandiosos ideales no pudiendo desarrollar una buena salud integral. En La República , Platón narra un mito que explica claramente este mecanismo. En una inmensa caverna se encuentran algunos hombres obligados a volver sus espaldas al sol y a creer que son reales las sombras que se proyectan contra la pared de enfrente. Así , ellos están condenados a perseguir la ilusión que los distancia de la verdad de las cosas. La caverna es el símbolo de nuestro espíritu ciego. Con esta imagen el filó sofo trata de hacer comprender cómo y en qué medida las construcciones mentales engañosas limitan nuestro horizonte, y hasta qué punto somos capaces de internarnos en universos imaginarios que nos mantienen en la oscuridad y en la ignorancia y sin una buena salud integral. Ante esta revelación, cabe preguntarse, entonces: ¿Cómo es posible alcanzar la luz sin encandilarse? Evidentemente la respuesta no es una sola, ya que una misma solución no puede ser válida para todo el mundo. La experiencia de los otros sirve de poco en este caso: atañe a cada uno de nosotros encontrar su propio camino. Y en este proceso es sumamente importante la historia personal, que, para el psicoanálisis, empieza en el instante mismo del nacimiento. El hombre nace desnudo, provisto únicamente de un nombre que no tiene ningún significado. Naturalmente cuando el bebé viene al mundo ya está inserto en la trama de una historia familiar. En los deseos y en el imaginario de sus padres, ya tiene su lugar precisado de antemano. Y todavía, por su propia condición de ser viviente, deberá hacerse personalmente un espacio propio y circunscribirlo. No podrá limitarse al que le viene demarcado por el ambiente familiar, aún cuando éste, según se dice y se piensa, sea por su propio bien. En realidad, nadie puede saber en qué adulto se convertirá ese bebé , qué cosas deseará . Aquellos que se obstinan en continuar indefinidamente pegados a las faldas de la madre sin desarrollar una voluntad propia son candidatos posibles a padecer algún problema psicológico y no constar con una buena salud integral. Por otro lado, tampoco es fácil convertirse en alguien. El carácter, la personalidad son el resultado de una búsqueda, de una elección a la vez conciente e inconciente. No se nace provisto de un Yo que por el simple transcurrir del tiempo se desarrollará en modo más o menos armónico: el Yo es una construcción que se elabora lentamente, en la relación con los padres y con el ambiente. La personalidad de cada individuo comprende ciertos rasgos derivados de aquél a quien se ha amado e idealizado, al que ha querido parecerse.

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Sacarse la mascara

En consecuencia, podría afirmarse que no existe nada más artificial que el Yo. ¿Có mo es posible, entonces, llegar a ser nosotros mismos, naturales, auténticos, con una buena salud integral teniendo en cuenta que nos pasamos la vida adoptando los deseos e ideales de quienes nos rodean? Tanto más aún cuando durante la mayor parte de nuestra existencia tendemos a autoengañarnos acerca de nuestra verdadera naturaleza sin saber que los deseos más profundos y genuinos operan directamente en el inconsciente. Son muchos los factores que nos llevan a quedarnos prisioneros en la caverna de Platón en la más completa ignorancia de nuestra verdadera personalidad. El mayor problema del hombre es que se construye a través de los otros, para finalmente tener que fabricarse por sí mismo, esto es: ser el artífice de sus propios pensamientos, de sus deseos. Y es en el contacto con la imagen de los otros, con el modelo transmitido por la sociedad, que el individuo toma forma. Cuando uno se pregunta ¿Quién soy? no puede darse una respuesta sino es basándose en los juicios de los otros, según la visión que los otros tienen de uno o la imagen que se quiere transmitir de sí mismo para sentirse amado, valorado, estimado.

 
 
 
 

En pocas palabras, si uno trata de dar una definición del propio Yo termina por tropezarse con un complejo de imágenes y de máscaras en un muro de apariencias: entretanto la sombra se proyecta sobre la pared de la caverna de nuestra salud integral. Frecuentemente nos conformamos con esta definición ignorando que podemos llevar la búsqueda más allá , más en profundidad, aún cuando sospechemos que la verdad pueda no ser del todo agradable. Ahora que no soy más nada, me convierto en un hombre "dice Edipo al terminar su existencia, solo, miserable y ciego: ciego, es verdad pero totalmente lúcido. Es que la verdad tiene un precio muy elevado, por esto no es extraño que la gran mayoría de los hombres prefiera no ver para no pagarlo. Así , cuando uno es patéticamente mezquino, le resulta mucho más cómodo aceptarlo, diciéndose así mismo que no puede hacer nada para volverse bueno y generoso. Del mismo modo es mucho más simple convencerse que la felicidad reside en un bello apartamento, en un auto veloz, en una suculenta cuenta en el banco: todo lo que entra en la normativa social y confiere una cierta respetabilidad pero que en realidad no tiene nada que ver con una buena salud integral. Es evidente, por otro lado que la avidez por conseguir esos signos exteriores de la riqueza absorbe un gran número de nuestros contemporáneos. Los bienes materiales se pueden ver y tocar, por lo tanto representan una certeza sólida con respecto al tener. Cuando se los considera bienes en símismos, cuando se los valora como el objeto máximo del deseo (y en consecuencia se confunde deseo con necesidad) es suficiente el verse privado de ellos para precipitarse en la desesperación. Es suficiente que el vecino posea un cero kilómetro deportivo mientras que uno deba conformarse con un modelo estándar y usado para que el demonio de la envidia lo invada.

La infelicidad no mejora su salud integral

Salud IntegralEs fácil constatar cómo esta guerra de la imagen y de las apariencias, desencadenada en la morbosa tendencia de los hombres a compararse con los otros, no los hace del todo felices. "La infelicidad consiste en hacer comparaciones" decía el filósofo Spinoza. Calcular todo lo más y todo lo menos -quedando fascinados por lo más de los otros y sufriendo por lo menos de uno- es una de las actitudes más estúpidas: no sólo es totalmente vana sino que también impide mirar hacia adentro de uno e interrogarse seriamente acerca de los fundamentos de las propias elecciones y preferencias. De allí , que todos los yo aquí , yo allá con que nos presentamos ante los otros son usualmente otras tantas falsas certezas que deberían ser revisadas y cuestionadas para una buena salud integral. Nuestro minúsculo o pomposo Yo, se protege así de la angustia existencial, pero al mismo tiempo nos impide conocer nuestra verdadera naturaleza -que va más allá de la reluciente imagen que proyectamos de nosotros- y , de este modo, nos impide tomar conciencia de nuestros reales deseos. Para saber qué es lo que uno quiere es necesario saber que es lo que uno es: las dos cosas van de la mano. Es inevitable pensar que los hombres se enga ñ an a si mismos, escribía Freud. Mientras ellos se esfuerzan por conseguir placer, éxito, riqueza -o mientras lo miran en los otros- están subordinando los verdaderos valores de la vida. El sufrimiento nos amenaza desde tres lugares en nuestra salud integral: sobre el cuerpo, con el dolor y la enfermedad; desde el mundo externo, con su carga de angustia, y finalmente en nuestras relaciones con los otros. Nosotros no tenemos el control completo de nuestro cuerpo ni de nuestro medio ambiente. Pero, en lo que respecta a nuestra relación con los demás, sucede todo lo contrario: podemos y debemos intervenir. Sin embargo lo que sucede generalmente es que por ignorancia o por ceguera nosotros mismos nos convertimos en los artífices de nuestra propia desventura. Las consecuencias se hacen presentes, por ejemplo, cuando confundimos lo que creíamos querer con lo que queríamos verdaderamente. En estos casos lo que está garantizado es la insatisfacción crónica. A menos que uno se decida a tomar el toro por las astas y hacer algo para cambiar. Y como no se puede cambiar lo que no se conoce resulta útil seguir el consejo de Spinoza que reza: Conócete a ti mismo.

Las enfermedades psicosomáticas: ¿miedo a no ser amados?

¿Cómo hacerme amar por papá? se preguntaba Juliana, de pequeña. Su inconciente mientras tanto se encargaba de fabricar una respuesta: Debo esforzarme por parecerme a él. Fue así que un día su rostro comenzó a cubrirse por pequeñas placas rosadas y a desfigurarse. Juliana había imitado un síntoma paterno: el eczema. A pesar de haberse aplicado toda una variedad de tratamientos para curarlo, hoy Juliana todavía padece esta afección poco estética, y aunque no deja de lamentarse, no logra hallar una solución definitiva para su problema. En realidad su elección fue hecha hace tiempo: sufrir para ser amada, gran problema para una buena salud integral. Como Juliana, hay miles de personas con afecciones psicosom áticas, cuyas causas tienen un origen similar: la necesidad de ser mirados. ¿Cómo se explica el hecho de que determinados individuos, en cierta manera elijan vivir en medio de tanto sufrimiento? Freud responde que se trata de la pulsión de muerte, una fuerza que empuja a intentar restablecer el estado de inanimidad anterior al del nacimiento. Ese placer del dolor, que forma parte de la estructura psíquica de todos los individuos, aumenta en los masoquistas, esas personas que mientras buscan el amor al mismo tiempo hacen cosas para destruirlo.

El temor a que todo nos salga mal

Existen individuos que parecen atraer a la mala suerte: cada uno de sus días y toda su existencia son un elenco de contrariedades, imprevistos y desgracias. Puras desgracias, afirma alguien comentando su propias desventuras. No, la culpa es sólo mía porque fue hecho así , opina otro. Estas dos posturas fundamentales en la salud integral, que en mayor o menor medida son muy comunes, esconden un temor radical: el de aceptar la propia responsabilidad. En todas las circunstancias de la vida, uno siempre tiene un cierto margen, por muy estrecho que fuere, de posibilidad de elección. Algo muy difícil de aceptar, por cierto es la idea de que todas nuestras dificultades sean simplemente frutos de la desgracia. Elisa por ejemplo, está atravesando un período negro: el marido la ha dejado por otra mujer, la señora de la limpieza se fue sin previo aviso, su hija de tres años, no duerme bien y rechaza la comida. Finalmente para completar el cuadro su adorado perro esta afectado por una grave enfermedad de los huesos. ¿Como esperar entonces que Elisa supere la ansiedad y no se vea afectada su salud integral si está condenada a ser perseguida por el infortunio? Sin embargo es suficiente con examinar un poco más allá de los hechos, para darse cuenta como las calamidades que han caído sobre la joven mujer fueron en buena parte fabricadas por ella misma. En efecto, Elisa no pagaba a su empleada desde hacía seis meses, no le dirigía la palabra a su marido hacía casi un año y demasiado absorbida por sus problemas afectivos y profesionales, venía postergando las necesidades de su hija. Sólo la dificultad del perro fue como un rayo en un cielo azul: nada hacía suponer que podría caer enfermo. Además del hecho que todas estas desgracias sobrevinieron todas juntas, es imprescindible admitir que cada una de ellas tiene causas y orígenes distintos. En la percepción de Elisa, en cambio, todas se deben a lo mismo, como una evidente confirmación del hecho de que su existencia y su salud integral, es, fue y será un triste calvario. Es que resulta mucho más fácil identificarse como una víctima inocente de la mala suerte, aún cuando uno ha hecho mucho por ayudarla.

Cuando nos sube la adrenalina

Es muy fácil distinguir a una persona atemorizada de otra que por ejemplo está enojada. Aunque ambas tienen mala cara, la primera manifiesta deseos de huir, aprieta los dientes, contrae los hombros, habla con la voz entrecortada porque el aire no puede pasar por su garganta, le tiemblan las rodillas y se pone pálido, Sin embargo no es tan fácil explicarse cómo se producen estas reacciones. La neurología puede ayudarnos para una buena salud integral, ya que es el cerebro el órgano que activa y regula los aspectos fisiológicos de las emociones, y como tal, la del miedo.

• Al sentir miedo se activa el lóbulo frontal, que a su vez estimula al hipocampo para que reaccione.

• El hipotálamo situado en el cerebro provoca la secreción de la glándula suprarrenal.

• Esa glándula secreta adrenalina, que circula en la sangre produciendo diversas reacciones en el organismo.

• Se dilatan las pupilas de los ojos.

• Aumenta el nivel de azúcar en la sangre lo que la pone en condiciones de coagularse rápidamente.

• El tórax se expande por la necesidad de aumentar la cantidad de aire para respirar.

• Los bronquios se relajan para que pueda entrar más oxígeno a los pulmones.

• El corazón se dilata para aumentar la cantidad de sangre.

• Sube la presión arterial.

• Los músculos se contraen.

• Como se contraen los vasos sanguíneos periféricos el color de la piel del rostro se aclara (palidez).

• El resto de los vasos sanguíneos se dilata, el hígado elimina glucosa, que moviliza los músculos.

• Cuando en nuestra salud integral el nivel de miedo es muy alto, cercano al pánico o al terror, la vejiga se contrae y se libera involuntariamente la orina acumulada.

Venza la timidez y mejore su salud integral

Salud IntegralLa timidez es una gran falta de confianza y muy poco autoestima, se sufre tanto en la vida privada como en la profesional. No debe rendirse, todos los psicoterapeutas saben que es posible terminar con esta aflicción y hacer que la persona obtenga una buena salud integral.

¿Quié n no ha sentido alguna vez en su vida que las mejillas se le incendian, el corazón se le desboca por los latidos o un sudor frío le recorre la médula? Probablemente cualquiera de nosotros sintió así, a flor de piel, una determinada emoción. Tal vez fue cuando el profesor nos llamó a dar la lección y no habíamos estudiado o frente a la agresión de un desconocido o quizá ante la mirada del chico que nos gustaba. Con los años, esos rubores infantiles se fueron superando... o no. Según el Instituto de Investigación Stanford, el 40 por ciento de la población mundial estaría afectado por este modo de ser. Otras estadísticas revelan que en la salud integral el 58 por ciento de la población forma parte de esa mayoría silenciosa incapaz de tomar la palabra, seducir al sexo opuesto o decir "no" cuando las circunstancias lo requieren. Pero ¿qué es la timidez? Una suerte de parálisis psíquica dicen los diccionarios de Psicología, una gran falta de confianza en símismo que hace que una persona sienta que todo lo hace mal. En realidad, no todo el mundo tiene el mismo grado de timidez ni se siente mal ante las mismas situaciones. Pero en todos los casos, sean célebres (como Napoleón III, Sthendal o Montesquieu) o anónimos sus síntomas saltan a la vista: algunas personas se paralizan, otras sienten que se les seca la garganta o le transpiran las manos o las mejillas se ruborizan o las orejas les echan fuego. El cuerpo se acobarda, la máquina no responde bien y el naufragio psicológico que pretendemos ocultar salta a los ojos del mundo entero.

La salud integral y el miedo por dentro

Si en ese mismo instante pudiéramos hacer una radiografía del cerebro veríamos una violenta modificación de cambios químicos, una tempestad neuroendocrina y una inundación de adrenalina convulsionando nuestro organismo. Resultado: vasodilatación (que provoca el enrojecimiento) hipersudoración, pérdida de tonicidad muscular (las piernas se aflojan) sequedad de la mucosa que genera la falta de elocución, perturbación del sistema de regulación de la temperatura (sensaciones sucesivas de frío y calor), sin olvidar la incomodidad psíquica, el cerebro a punto muerto y la memoria que hace un paso en falso y nos abandona.

Los genetistas afirman que nuestro grado de timidez está marcado a fuego en nuestros genes de la misma manera que nuestras huellas dactilares. ¡Falso! corrigen los que creen que los niños tímidos reproducen el comportamiento de sus padres realizando el llamado efecto espejo. Tanto la madre como el padre pueden ejercer una presión constante sobre su hijo desvalorizándolo o desanimando toda tentativa de autonomía y desarrollo de una buena salud integral. Haz esto o aquello. Mira cómo hace tu padre o tu hermano son algunos comentarios que siembran la inseguridad y recogerán con los años las vacilantes actitudes de la timidez.

Tímidas características

Los niños son el receptáculo de todos los deseos y todas las expectativas de los padres. Cuando no llegan a hacer realidad la imagen que los padres han construido sobre ellos se vuelven tímidos y no tienen una buena salud integral. Lo mismo ocurre con los adultos. La timidez, por lo tanto, tiene algunas características básicas:

• Es la expresión de una enfermedad que nace del desacuerdo entre la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que ofrecemos realmente.

• Es una inmensa falta de confianza en nuestros propios valores.

• Esta falta de confianza termina por desencadenar desconfianza en los demás.

• El tímido se hace de símismo una idea tan perfecta que no puede actuar normalmente.

• Al mismo tiempo, se construye un ideal de símismo demasiado elevado.

• El tímido no se permite el menor derecho al fracaso.

• La perspectiva misma de sufrir una frustración desanima su actuar.

La timidez traduce así el temor de no alcanzar la perfección y el de decepcionar a los otros en el ideal que ellos tienen acerca de una buena salud integral, nuestra personalidad y capacidad.

La prueba de fuego

Muchas personas, aun las que no se consideran tímidas, experimentan excitación física cuando se encuentran frente a una situación nueva. La diferencia reside en la interpretación que hacen de la excitación. Las personas no tímidas notan la excitación y la atribuyen a las circunstancias. No dejan que la taquicardia o los nervios les impidan llevar a cabo lo que desean, y esto reprime la salud integral. Para la persona tímida es diferente. Se tortura a símisma diciéndose: todos van a darse cuenta de lo nervioso que estoy.

Las personas tímidas se culpan de la excitación en lugar de pensar que las circunstancias son las causantes de sus aflicciones. El tímido se dice así mismo: no soy normal. Empiezo a tener temblores, rubores y sudor frío cuando me enfrento a una situación nueva o con personas que no conozco. No hay esperanzas para mí. Esto no es verdad. Lo más probable es que sus sentimientos de timidez se hayan fortalecido en su salud integral durante la juventud. En esa época es muy común la timidez frente a una persona del sexo opuesto. En pleno período de egocentrismo, el adolescente tiene la convicción de que todos los ojos están posados en él. Siente que sus defectos, sus imperfecciones y su inseguridad saltan a la vista. Entonces, se defiende de esa timidez como puede. Ciertos jóvenes en presencia de una chica adoptan una apariencia de rudeza y cinismo. Las chicas, por otro lado, tratan de enmascarar su timidez tras una actitud irónica o agresiva. Para algunos adultos, el encuentro con el sexo opuesto también puede resultar angustiante. En lugar de ser algo agradable se convierte en un miedo que los paraliza. La timidez adopta, entonces, el signo de la angustia. Las relaciones amorosas nunca son realmente simples, pero cuando la timidez está en el medio, la dificultad se convierte en pesadilla, una prueba de fuego que hay que superar si se quiere ser feliz y tener una buena salud integral.

Una cuestión de autoestima

Los tímidos suelen darse un puntapié mental cada vez que se comportan con timidez. Con frecuencia desean liberarse de sus sentimientos de subestimación. Algunos viven una lucha constante entre el deseo de destacarse y el de que no se note su presencia. ¿Cuál es el motivo de este conflicto en la salud integral? La autosubestimación y la autoconciencia son las dos responsables de la timidez. El autorechazo, el juzgarse con dureza, pensar que los demás nos subestiman, evitar riesgos (y la posibilidad de fracasos) y ser perfeccionista son las características de quienes se valoran poco. Las personas que se subestiman reaccionan a las situaciones con pensamientos y sentimientos negativos. Los que están alrededor de alguien así , saben que no se valora lo suficiente y por eso, a su vez, suelen no concederle el respeto y la consideración que merece. Esto fortalece al tímido en su salud integral, en cuestión la idea de que vale poco y el ciclo continúa en una cadena negativa sin fin. Así , cada uno de sus actos se tiñe de un signo que deja la autoestima por el piso. Me siento inepto, insignificante, no deseado, insatisfecho, débil, indefinido, inútil, inseguro, inferior, no querido, retraído, frustrado, indigno de ser amado son algunas de las galanterías con las que suele animarse un tímido. La esencia de la alta autoestima es aceptarse y gustarse tal cual uno es. Cuando alguien se autoestima está seguro en lo más profundo de su interioridad de que es una persona valiosa, lo que no significa perfecta. La autoestima no exige perfección pero da lugar a que la persona se desarrolle y mejore cada día más. Estimarse es ser amable consigo mismo, tener la seguridad de que se es digno de ser amado, agradable, competente y efectivo.

Reflexione sobre su salud integral cuáles son sus valores, en todos los aspectos que le agradan de usted y comience a enfrentar la vida pensando en esas cualidades no en sus carencias. Si usted se desplaza por la vida con la autoestima alta creará un campo positivo a su alrededor: cuando una persona se siente bien consigo misma, los demás advierten cómo se trata y cómo trata a los demás; la gente responde de manera favorable y esa reacción fortalece los sentimientos positivos hacia usted.

No te sientas vencido

El tímido debe enfrentar la vida como una lucha más cruenta que el común de la gente. Si desea cambiar tu salud integral, deberás tomar las armas y arremeter hasta salir triunfante. ¿Cómo? Existen dos grandes objetivos en el autodesarrollo. El primero es aumentar la autoaceptación: sí , en su interior hay un tímido. El segundo es lograr adaptar su conducta a las situaciones sociales: seguir adelante a pesar de sentirse tímido. Jamás renuncie. Cada vez que se desespere por creer que no va ser capaz de superar la timidez recuerde que:

• Sus síntomas de timidez no son tan visibles para los demás como usted piensa.

• Aléjese de los pensamientos negativos para su salud integral. En lugar de centrarse en ellos, busque compensaciones sociales.

• Convertir un encuentro social que le ha desilusionado en una experiencia de aprendizaje, hará que usted siga avanzando. Note qué es lo que ha disparado su timidez y continúe trabajando en esa situación paso a paso.

• Ser su peor crítico lo mantendrá atascado en el camino de la timidez.

• Sea amable y justo con usted mismo.

• Derrotar la timidez no es la tarea más difícil del mundo. En realidad para su salud integral, su mayor desaf í o es acabar con los sentimientos de derrota y desesperanza. Y es posible.

Controle sus fobias

Los miedos que nos dejan paralizados y no nos permiten pensar con claridad, se les llaman fobias y no contribuyen para su salud integral. Las más comunes son al encierro, a las arañas, a la altura, a la velocidad, etc. En este portal además de encontrar las respuestas del por que de este mal, también aprenderá a controlarlo.

Siento como si el corazón estuviera por explotar dentro de mi pecho. Se me cierra la garganta, no puedo respirar y me parece que me voy a ahogar. Las manos se me ponen frías y mojadas. Me mareo, creo que me voy a caer y que estoy por desmayarme. Me parece que me voy a morir. Este es el relato que podemos escuchar de boca de una persona fóbica. Las reacciones que nos describen esas palabras pueden ser provocadas por una variada gama de motivos: objetos, animales, situaciones sociales y actividades.

A algunas personas les basta con ver una cucaracha nocturna para que ya no puedan conciliar el sueño, a otras les alcanza con tener el pasaje de avión entre sus manos para comenzar a temblar, y el hecho de tener que atravesar una calle del microcentro, en medio de una multitud de personas que vienen y van, puede llegar a provocar un llanto angustiante al que padece de fobia a las muchedumbres.

La salud integral en los eternos fóbicos

Las fobias son parte de lo que en psiquiatría se conoce como desórdenes de ansiedad. Se trata de un conjunto de reacciones que tiene una persona cuando se encuentra frente a una cosa o situación que le infunden miedo. Uno de tos rasgos principales de la fobia es que quien la sufre no puede, de ninguna manera, tolerar el contacto con la cosa que teme y entonces la única salida que encuentra es evitarla. Por nada del mundo el fóbico aceptará manipular un objeto que considera peligroso, acercarse a un animal que aborrece, o entrar a un lugar que le parece sofocante. Un claustrofóbico, por ejemplo, se negará a entrar a un ascensor hermético, aunque tenga que subir 15 pisos por la escalera. La salud integral de las personas fóbicas no les importa si el peligro es o no real: por mucho que se le jure y perjure a una amiga zoofóbica que el perrito es inofensivo, jamás entrará a una casa si sospecha que la inocente mascota podría acercar su hocico con la intención amistosa de olfatearla.

Tomemos el ejemplo de Miguel, un estudiante de computación de 23 años, que su salud integral se ve afectada por la fobia a instrumentos cortantes. Según recuerda, su problema comenzó unos días después de haber sido asaltados él y un amigo una noche que volvían de bailar. El ladrón tenía una navaja y como su amigo se resistió , el asaltante lo hirió en el forcejeo y luego huyó. Su amigo se repuso de las lastimaduras bastante rápido, pero Miguel se sintió tan afectado por la impresión que le causó el episodio que, al día siguiente, no pudo afeitarse por temor a sufrir una cortadura con la hoja de afeitar. Más adelante se dio cuenta de que tampoco podía usar el cuchillo. Lo peor de todo es que no sé cómo explicárselo a mi familia y mis amigos, confiesa Miguel entre risueño y avergonzado.

Terrores cotidianos en la salud integral de las personas

Todos nosotros, en mayor o menor medida, nos perturbamos frente a algunas cosas. Yo, a los gatos no les temo, pero cuanto más lejos estén mejor, comenta Marina cruzando la calle para no tropezar con el animalito que, totalmente indiferente a su presencia, mastica los trozos de hígado que su vecina le ofrece cada tarde. ¿Será fóbica Marina? Probablemente no, tal vez sólo le desagraden los felinos por una simple cuestión de piel. Pero también cabe la posibilidad de que sí lo sea, y en ese caso aun no constituya una razón suficiente para alarmarse. En efecto en la salud integral, algunas fobias no llegan a ser motivo de gran preocupación ya que no afectan en mayor medida nuestra vida cotidiana, ni el trabajo o las demás actividades. Una persona que siente aversión por las ranas no tendrá demasiadas ocasiones de alterarse si vive en un departamento de la ciudad, Este desorden fóbico, como lo llama la psiquiatría, no justifica una terapia, a menos que la persona que la padece presente otro tipo de problemas, como paranoia o depresión. Si esa misma persona tuviera sueños repetidos con ranas, se asustara con sólo verlas en un dibujo o una foto, o se sintiera irritada al escuchar sonidos semejantes al croar, la fobia dejaría de ser una característica más de esa persona para convertirse en una dificultad que necesita tratamiento. Pero también existe un grupo de desórdenes fóbicos más preocupantes en la salud integral. Son los que se producen frente a cosas comunes que necesitamos para llevar una rutina diaria sin problemas. Imaginemos un individuo que tiene fobia al agua corriente o hidrofobia (nada que ver con la enfermedad de la rabia). ¿Cómo se las arregla para cocinar, lavar la ropa, bañarse o cepillarse los dientes? Una mujer que un día comienza a experimentar terror por salir a la calle, es decir que padece agorafobia, indefectiblemente dejará de cumplir sus tareas diarias. Quizá consiga seguir manteniendo su casa brillante, pero no podrá hacer las compras, ni llevar a sus chicos al colegio o al médico, y será incapaz de ir a algún lugar si no es acompañada por su marido. Esta clase de fobias en la salud integral que interfieren con la vida diaria, pueden convertirse en un serio inconveniente que hace imprescindible el tratamiento. Lo que agrava esta situación aún más es la incomprensión de la familia y los amigos, quienes no pueden darse cuenta de que la actitud de la persona, en estos casos, no es negligencia o un signo de pereza, sino un problema serio que el fóbico no puede dominar. Los reclamos, los reproches y las burlas se hacen presentes alimentando un círculo vicioso, que aumenta los episodios angustiantes. A la ansiedad que le produce la imposibilidad de dominar el miedo, el fóbico le suma la: ansiedad por demostrar que es una; persona sensata aceptando las razones lógicas de los demás. Sin embargo, a pesar de su propia voluntad, a la hora de enfrentarse con la situación o el objeto, el miedo siempre puede más y las reacciones propias de la fobia vuelven a producirse en la salud integral.

Las reacciones fóbicas

Todos tenemos muchas formas de expresar nuestras emociones, pero básicamente reímos si nos alegramos, lloramos si algo nos entristece, gritamos si nos enojamos o cuando sentimos miedo. Son reacciones esperadas y aceptables que hacen que nos consideremos en perfecto estado de salud anímica. Pero cuando somos víctimas de la fobia no reaccionamos de un modo tan previsible. Aunque la fobia no es un problema que pueda considerarse peligroso en la salud integral, ya que raramente nos impulse a actuar dañando a los demás, nos preocupamos. Estas son las reacciones más comunes que experimenta la persona fóbica:

• De tipo psicológico: la persona siente un pánico repentino, se horroriza, o se ve muy aterrorizada aun cuando en la situación que tiene que atravesar no haya un peligro real. Aunque puede reconocer que ha traspasado la frontera que divide el miedo normal del terror absurdo, no puede controlar voluntariamente su comportamiento de su salud integral. Sus reacciones son automáticas, instintivas, dominantes e incontrolables, a tal punto que los pensamientos de la persona fóbica son invadidos por una serie de riesgos y desafíos imaginarios.

• De tipo físico: el cuerpo tiembla, los latidos del corazón se aceleran, la respiración se dificulta, se transpira, y se siente una necesidad imperiosa de huir.

• Defensiva: La única manera para que el fóbico deje de sentir ese temor abrumador es eludir al objeto o la situacón que le produce la fobia. Por la tanto, la actitud que tomará es evitarlo, poniéndose fuera de su alcance. El fóbico no ataca, necesita huir. Esta reacción de su salud integral es la principal causa de problemas para la integración social de la persona fóbica. Cuando el origen de la fobia es un objeto o situados cotidiana, lógicamente no puede evitarlo según su agrado. Así perjudica su trabajo, su relación con su familia y el entorno. Es absolutamente necesario, en este caso, consultar con un terapeuta.

Diccionario de fobias según nuestro manual de salud integral

ACROFOBIA: temor a las alturas

Salud integral y la AGORAFOBIA : miedo a los espacios abiertos. El sólo hecho de tener que atravesar sin compañía una plaza o la calle o cualquier lugar público repleto de gente que no conoce, hace que el fóbico experimente una respiración cortada, temblores y hasta sensación de vértigo. La angustia sólo puede calmarse cuando se aleja del lugar. El comportamiento que adopta entonces es evitar a toda costa tener que atravesar grandes espacios. Siempre se las ingenia para sentirse seguro: ruega que lo acompañen, utiliza el auto para ir a un lugar que sólo queda a dos cuadras, o camina pegado a las paredes, haciendo caminos más largos que los necesarios.

Salud integral y la ARACNOFOBIA : miedo a las arañas

CLAUSTROFOBIA : miedo al encierro. La persona se angustia al darse cuenta de que está encerrada sola en una pieza pequeña, o si un techo está bajo o al notar que una ventana es demasiado pequeña. Quienes padecen esta fobia no toleran los ascensores, el sauna o el subterráneo.

FOBIA A LOS MEDIOS DE TRANSPORTE: la más coún es la fobia al subterráneo (similar a la claustrofobia), pero algunas personas también se asustan muchísimo si deben viajar en automóvil. Las que se niegan a viajar en tren padecen siderodromofobia. Lo que produce temor en estos casos no es el encierro como en el caso del subte, sino el hecho de no poder modificar el itinerario ni detener el vhículo a voluntad.

Salud integral y la FOBIA DE DEFENESTRACIÓN: el temor básico de estas personas es que se sienten atraídas por el vacío. Por eso temen acercarse a una ventana, atravesar un puente, asomarse por un balcón, pasearse por la orilla del mar, y subir a la cima de monumentos.

FOBIA DE INSTRUMENTOS PUNZANTES: esta fobia es muy común en madres jóvenes, quienes tiemblan de miedo con sólo ver un par de tijeras, alfileres o cuchillos. Como las aterra la idea de llegar a herir a un hijo con alguna de estas cosas, hacen lo imposible para evitar manipularlas.

FOBOFOBIA : temor a la fobia o ansiedad anticipatorio.

FOTOFOBIA : temor a la luz.

EREUTOFOBIA : miedo de enrojecer en público. Es una forma de timidez exacerbada que impulsa al fóbico a huir de todo contacto social mediante actitudes que lindan con el ridículo: no sale a la calle si no se esconde detrás de anteojos negros o de un diario abierto de par en par. Las causas que provocan el rubor de estas personas son muy vanadas: temor a la muchedumbre, aparatos fotográficos, altavoces, cámaras de filmación o elementos naturales (mar, tormentas u oscuridad), funciones fisiológicas (comer, defecar, dormir).

Salud integral y la HIDROFOBIA : temor al agua. Se denomina así al trastorno que lleva a que algunas personas se nieguen a entrar en contacto con el agua, pudiendo permanecer sin higienizarse durante muchísimo tiempo. Esta fobia no tiene nada que ver, aunque se las denomine igual, con la enfermedad de la rabia y cuyo principal síntoma es, precisamente, la aversión al agua.

NOSOFOBIA : miedo a las enfermedades. Quienes las padecen son las personas que llamamos hipocondríacas.

PIROFOBIA : temor al fuego.

SIDERODROMOFOBIA : temor a los trenes.

Salud integral y la TAUTOFOBIA : miedo de todo. Puede tratarse de un estado pasajero o acompañar a una psicosis. Una persona que se siente ansiosa y profundamente angustiada frente a las cosas cotidianas puede entrar en este grupo.

XENOFOBIA : temor a los extranjeros.

ZOOFOBIA : miedo a los animales. Aunque son más frecuentes en los chicos, también afectan a los adultos sobre todo a las mujeres. En general, se asocian con una mala experiencia sufrida en la infancia -un perro que los mordió jugando, una araña que los despertó caminando por su cuerpo por ejemplo- aunque el recuerdo haya desaparecido, persiste el miedo a ese objeto que la persona siente como amenazante. Si padecemos este tipo de fobia, algunos insectos, reptiles, hasta animales domésticos como perros, gatos y pájaros pueden causarnos verdadero pánico sólo con verlos.

Como se clasifican las fobias

Miedo al agua, al vacío, a la multitud, a los insectos, a los ascensores, a las ratas, etc. Usted puede añadir un sin número de objetos para engrosar esta lista, y no estará equivocado. Cualquiera de los que se le ocurra formará parte del conjunto infinito de causas que puede provocarnos fobia. Aunque para simplificar, la medicina decidió dividirlas en tres grandes grupos:

1- Las fobias de situación en la salud integral son: La angustia y las reacciones que describimos más arriba se desencadenan cuando la persona se encuentra en un determinado lugar. La agorafobia, la claustrofobia y la siderodromofobia (temor a viajar en tren), entran en este grupo.

2- Las fobias de objetos son: A veces se siente una angustia difusa, otras las reacciones son un poco más precisas, como pánico y temblores. Tanto el temor a objetos inanimados como a los animales se encuentran dentro de este conjunto.

3- Las fobias de impulsión son: El enfermo teme cometer un acto peligroso como arrojarse por una ventana o saltar al vacío desde un balcón. E miedo desaparece en cuanto se alejan de esos espacios. La fobia de defenestración entra dentro de este grupo.

Cual es la fobia social en la salud integral

Cuando tenemos una entrevista de trabajo o en las vísperas de un examen nos sentimos ansiosos e inquietos. Muchas personas ya aprendieron a dominar este nerviosismo y saben qué hacer para que no se note, o no interfiera con el desarrollo de la situación. Las que se sienten superadas por este tipo de situaciones son las que padecen de fobia social. Estas personas no pueden hacer nada para convivir con la ansiedad lógica de estos pequeños desafíos cotidianos, y sienten que son una especie de trampa en la que todo se vuelve contra ellos. No pueden soportar la idea de ser observados y sienten vergüenza de ejecutar delante de otras actitudes tan simples como firmar un cheque, cerrarse el sobretodo, dejar un libro sobre el escritorio, comer un sándwich, beber una gaseosa o pedir un lápiz prestado. Lo que temen estas personas es ser humilladas, burladas o rechazadas por quienes las observan. La vedette de estas fobias en la salud integral es el temor a hablar en público. Pero también es muy común la vergüenza por enrojecer frente a una persona del sexo opuesto o delante de una autoridad. Este tipo de fobias suelen aparecer en la adolescencia y se agudizan después de los 30 años.

Los tratamientos para obtener una buena salud integral

Además de la terapia con orientación psicoanalítica, existen métodos más cortos que buscan transformar la conducta de nuestra salud integral, llamadas terapias de exposición. La diferencia entre ambas es que la primera indaga las causas inconscientes, mientras que la segunda logrará que desaparezcan los síntomas, es decir que la persona fóbica deje de tener esas reacciones que no lo dejan vivir, aprendiendo a enfrentar el objeto o la situación temida. Los métodos son:

• Desensibilización sistemática: El terapeuta enseña al paciente a relajarse para que tenga una mejor salud integral. De este modo conseguirá que el paciente recupere el control de su cuerpo frente al miedo. Posteriormente, se hacen ejercicios de visualización, donde el paciente tiene que imaginarse el objeto o ver fotos, y juega a que se enfrenta con él. Así , poco a poco, irá perdiendo el miedo y conseguirá reaccionar normalmente cuando se encuentre con éste en la realidad.

• Terapia torrencial: durante estas sesiones de dos horas se expone directamente a la persona al objeto o la situación que le provoca la ansiedad de su salud integral. La finalidad es que la angustia disminuya cuando el paciente ve que no pasa nada malo.

• Medicación: Los sedantes y ansiolíticos se utilizan cuando la fobia es tan compleja que no permite continuar con la vida normal.

• Se debe suprimir el alcohol, la cafeína, el abuso de sedantes durante el curso del tratamiento.